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martes, 19 de febrero de 2013

"Días de Nietzsche en Turín"

por Agustín Sanz (publicado originalmente en miagoraparticular.blogspot.com)





En esta ocasión te proponemos una sesión de cine, así que repantígate en tu sillón favorito y coge el cubo de palomitas y el refresco supersize (aunque, personalmente, prefiero unos taquitos de jamón y una cerveza... supersize también, eso sí).

En cartel tenemos una bastante desconocida película sobre don Federico que nos puede ayudar a completar nuestro repertorio de biopics filosóficos (con la trilogía de Rossellini indiscutiblemente a la cabeza del género). Se trata de la producción brasileña Días de Nietzsche en Turín (Júlio Bressane, 2001).

Siempre resulta cuanto menos curioso ver plasmado en imágenes cinematográficas a un personaje histórico. Cuando, además, tal personaje es como el que protagoniza esta película, no resulta menos estimulante comprobar cómo se ha superado el reto de generar hora y media de metraje en base a unas "aventuras" que transcurren en el terreno del pensamiento.
      La película, como su título revela claramente, relata el periodo de estancia de Nietzsche (otoño e invierno de 1888) en la ciudad italiana de Turín. Sus problemas de salud impelieron al filósofo a desplazarse frecuentemente a lo largo de Europa en busca de climas benignos para su estado. Así, residió temporalmente en lugares como Sils Maria o Niza y también, como ya hemos dicho, en Turín. Ésta fue además la ciudad en que transcurriría su último periodo de actividad, pues sería allí donde sufriría la crisis que le sumiría sin vuelta atrás en un estado de enajenación mental que le obligaría a retirarse de la vida pública e intelectual durante la década que aún restaría hasta su muerte. Pero la época de Turín fue también la de la máxima madurez de su pensamiento y la de mayor fecundidad en su producción literaria; un momento aparentemente muy satisfactorio en la vida del filósofo, según se trasluce en su correspondencia.
      La película, por lo tanto, retrata esos meses de la vida de Nietzsche, al que vemos pasear por Turín, relacionarse con sus vecinos, leer y escribir (resulta emocionante contemplar a Nietzsche "en acción", al menos desde cierto punto de vista fetichista) y, también, en el último tramo de la película, sumirse en la locura (muy curiosas a la par que sobrecogedoras esas imágenes de cierre en que se dota de efectos de movimiento a una serie de fotografías del pensador ya convaleciente). Pero sobre todo le vemos o, mejor, le escuchamos pensar. Porque la película, carente de diálogos, se construye alrededor del recitado de textos del filósofo. Ello, junto con un recorrido visual por Turín y una soberbia selección musical (Bizet, Wagner,... y también algunas composiciones del propio Nietzsche) dan lugar a una obra concebida para ser paladeada de modo pausado y reflexivo (desde luego, ni te acerques a ella si eres de esas personas incapaces de disfrutar de la lentitud en el cine).

Ni mucho menos se trata de una película magistral, pero sí lo suficientemente interesante como para que merezca la pena dedicarle una parte de nuestro escaso tiempo vital (cosa que, sabemos perfectamente, no se puede decir de muchas otras de nuestras ocupaciones). Además, bien puede servirnos para ayudarnos a olvidar la pésima El día que Nietzsche lloró (Pinchas Perry, 2007).

Bueno, pues no digo más. No olvides silenciar tu teléfono, que esto empieza ya:





viernes, 4 de enero de 2013

Alain de Botton y la filosofía para la vida

por Agustín Sanz (publicado originalmente en miagoraparticular.blogspot.com)


El material dedicado a la divulgación filosófica ha proliferado en los últimos tiempos. Aunque no todo él posee la calidad y el rigor que serían deseables, existen algunas cosas realmente interesantes, y entre ellas la labor realizada por Alain de Botton. A lo largo de toda su obra, se ha mostrado especialmente interesado en mostrar y demostrar al gran público que la filosofía no tiene por qué ocuparse necesariamente de cuestiones excesivamente abstractas y alejadas de los intereses del común de las personas, sino que, muy al contrario, puede encontrarse enraizada en lo más vital y ofrecer respuestas también a inquietudes absolutamente cotidianas. Tal es el leit motiv de su libro Las consolaciones de la filosofía (edición castellana en Punto de Lectura, 2006), en el que desgrana las lecciones ofrecidas por una serie de pensadores que, como él y como nosotros, estaban interesados, más que en cualquier otra cosa, en aprender a vivir lo mejor posible. Una traslación a imágenes del mencionado libro es la serie televisiva que aquí presentamos. Recomendamos tanto el uno como la otra.

Incluimos el enlace a la primera parte de cada uno de los capítulos. A partir de él podrás encontrar los correspondientes a las partes restantes:


Sócrates y la autoconfianza



Epicuro y la felicidad



Séneca y la ira



Montaigne y la autoestima



Schopenhauer y el amor



Nietzsche y el sufrimiento